domingo, 12 de enero de 2014

Un hermoso Regalo de una Bella Flor ... Para nuestra Familia del Jardín STARK ...


La verdadera Esencia del Sentir..


El olor a incienso era intenso y envolvente, quizás para otro olfato podría incluso nublar los sentidos pero la fina nariz de Kassia estaba más que acostumbrada a aquel olor penetrante y dulce. 



Le agradaba, aunque últimamente se había hecho casi insensible a dicho olor. Los bajos de aquel pulcro vestido blanco rozaban el suelo con cada pequeño paso que daba, era como el paseo de una leona enjaulada pero con matices de cisnes, y sobra decir que no era precisamente Kassia la enjaulada. 



Su melena pelirroja se apoyaba sobre un hombro y sus ojos claros paseaban con desdén sobre el cuerpo de aquel sumiso enjaulado de piel cobriza. Apenas cabía, pero esa era la función de las jaulas, la incomodidad. 



Si había algo que Kassia no soportaba era la insolencia y la desobediencia, pero, por raro que pareciese, tampoco era amante de los golpes innecesarios. 



Kassia era una ama con puño de hierro pero sus castigos en pocas ocasiones tenían que ver con la violencia. Aunque a largo rato quizás estar enjaulado dolía más que los latigazos Todo estaba listo para su castigo, que curiosamente sería sincronizado con una sesión con otra sumisa.



Kassia golpeó suavemente unas esposas contra uno de los barrotes metálicos, su pulcritud a veces llegaba a extremos que deseaba la obediencia a una mirada, un gesto o un sonido que no fuera su propia palabra. 



El sumiso, no sin cierto trabajo, acercó la muñeca derecha a los barrotes y la pelirroja, tratando de ni siquiera tocarlo, ató su muñeca al barrote. Unos segundos después la izquierda la acompañó. Su cuerpo desnudo y excitado pedía a gritos una atención que Kassia no le daría, a veces, ver podría ser un buen castigo y, además, podría comprobar con sus propios ojos como se debían hacer las cosas. 



La sesión que había empezado como otra cualquiera había terminado siendo un castigo ¿Por qué? Un simple error, un impulso que no debería haber tenido. Kassia no le había dado permiso para tocarla ¿A cuento de qué lo había intentado? Kassia le grabaría a fuego, no literalmente, ese dicho de "Se mira pero no se toca".



La puerta de la sala se abrió casi con timidez. Una cabellera morena y unos ojos brillantes se hicieron presentes, era la sumisa que Kassia había elegido para aquel castigo, una de sus favoritas a decir verdad, no solo porque, sin duda, era preciosa sino porque había un brillo de devoción en sus ojos que inspiraba a Kassia. 



Esa mirada servicial desataba más en la pelirroja que ninguna mirada de lascivia o lujuria - Domina- susurró inclinando levemente la cabeza, a continuación Kassia simplemente imitó ese gesto de cabeza que quería decir mucho más que respeto. 



La joven morena atravesó la habitación y se arrodilló ante ella mirando de reojo al otro sumiso en la jaula - No lo mires - fueron las primeras palabras que Kassia pronunció. 



Su voz era suave, incluso tenía un tono dulce, pero también era ley inquebrantable. Dos de sus dedos dejaron una caricia sobre su mejilla en cuanto la joven se centró en ella como le habían ¿Pedido u ordenado? 




Pocas veces la voz de Kassia sonaba a una orden autoritaria, pero le gustaba jugar con el límite entre una petición y una orden directa. Un buen sumiso no debería tener que llegar a la orden tajante, no le hacía falta para cumplir los deseos y peticiones de su domine. Esa era la filosofía de Kassia y, también la de la casa Ares.



Con la elegancia habitual, y sabiéndose el centro de atención de ambos sumisos, caminó hasta sentarse cómodamente en un sillón que ella misma se había ocupado que estuviese allí, junto a una mesita baja de estilo árabe donde reposaban diversos juguetes. 



Sus ojos se clavaron en la sumisa y su mano derecha levanto cuatro dedos para que los pudiera ver bien - Descalzame - pidió cruzándose de piernas para dejar que la tela del vestido mostrase unas sandalinas de estilo romano que se ataban a su pierna. 




La sumisa caminó a gatas, comprendiendo que significaba aquel cuatro, hacia ella y con cuidado comenzó a desatar las sandalinas lentamente. Sus dedos ágiles deshacían los cordones rozando sus piernas aquí y allá. Lo hizo en completo silencio pero con esmero, no por nada era una de las favoritas de Kassia - Bésalos - dijo una vez estuvo descalza. 



La joven rodó sus carnosos labios por los dedos de sus pies de manera suave, por el empeine y se detuvo en el tobillo, no le habían dado permiso para besar nada más. Kassia sonreía sutilmente mirando de reojo al sumiso castigado, cuya erección se iba haciendo notar. 




Perfecto pensó devolviendo su atención a la sumisa -Mírame - su voz no se alzó más de un susurro pero los ojos de la sumisa en seguida estuvieron buscando los suyos. Esa devoción de nuevo provocaba que la sangre de Kassia hirviera. 




Estiró su brazo derecho y tomó, sin permiso alguno no lo necesitaba, uno de sus senos. Sus dedos delinearon cada curva y su pulgar prestó especial atención a su aureola y el botón rosado que se pronunció pocos segundos después de tocarla. 



Un pequeño suspiro se escapó de los labios de la morena -Manos a la espalda, no puedes tocarme. Aun no te lo has ganado - la joven asintió obedeciendo - Quiero silencio absoluto, ni un suspiro - añadió mirándola por última vez a los ojos antes de enterrar sus labios en su cuello.




Sus labios besaron su piel suave de mil maneras diferentes pero no oyó nada, bueno sí un lejano quejido del sumiso enjaulado, incluso sus dientes dejaron alguna dentellada cerca de su clavícula mientras amasaba con ambas manos su pecho pero ni un suave suspiro escapó de sus labios. 




El auto-control que debía estar teniendo debía ser brutal, pero lo conseguía, mantenía su placer a raya solo porque su Domina se lo había pedido. El mero pensamiento prendía la llama de la pelirroja que, no contenta con aquello dejó caer su diestra por su vientre hasta su cintura soltando aquella falda y dejándola caer por sus torneadas piernas. 



Sus dedo hábiles se colaron por sus ingles y pronto sintieron la humedad y el calor que desprendía. Cuando un único dedo de Kassia se abrió paso entre sus labios la sintió vibrar bajo su tacto, sus ojos azules rápidamente la buscaron como una advertencia, pero la joven se mantuvo estoica incluso cuando aquel dedo se coló en su interior con lentitud, incluso cuando se recreó en su clítoris durante varios segundos. 




Kassia se percató por su respiración acelerada que estaba alcanzando las líneas de su contención. Con una sonrisa se acercó a sus labios abandonando toda caricia - Lo has hecho muy bien - la elogió besándola con, incluso, ternura. Todo tenía una recompensa y, por ahora, esa era la suya.





Tal y como había empezado el beso lo terminó mordiendo furtivamente su labio inferior. El silencio seguía siendo absoluto, tan solo las respiraciones de los tres individuos lo rompían, unas mas aceleradas y urgentes que otras. 




Kassia se retrepó en el sillón dedicando unos segundos solo a contemplar el cuerpo desnudo que tenía ante ella, cada forma, cada curva, cada lunar. Era perfecta, pero aun más perfecta era la devoción de sus ojos. 




El engaño del BDSM era la estúpida creencia de que el Domine tan solo desea saciarse... quizás la pelirroja no podía hablar por todos, quizás ella era la rara pero prefería mil veces oír, cuando tenía permiso, los gemidos ajenos que los propios. No era cuestión de servidumbre, no era cuestión de auto-satisfacción sino de mucho más. 



Era cuestión de tener a una persona atada a ti con cadenas invisibles, pendiente de tus manos, tus miradas y tu voz. Era cortar sus hilos con el resto del mundo y atarlos a ella misma. Aquella sumisa suspiraba porque Kassia la hacía suspirar, porque ella se lo permitía. 



Tal poder sobre una persona, tal control sobre sus propias emociones era lo que Kassia necesitaba. Aunque habría deseado ordenarle que la tocase aun no había llegado ese momento, primero debía ocuparse de otro pequeño problema.




- Quiero que le des a él tanto placer como me darías a mi con tus labios - dijo mirando de reojo al sumiso que parecía no terminar de comprender porque Kassia parecía estar teniendo un gesto de liberación con él, pero muy pronto lo comprendería. 




La morena tardó varios segundos en moverse pero al final obedeció, probablemente no era del todo su agrado tener que complacer a otro sumiso pero ella sabía que complaciendo a otro complacía los deseos de la Domina así que lo hizo. 




Se levantó del frío suelo dejando caer la falda al mismo y se dirigió al sumiso enjaulado volviéndose a arrodillar. La jaula era tan estrecha que el sumiso solo tuvo que pegar sus caderas a los barrotes para que la joven pudiera alcanzar perfectamente a hacerle una felación. 




Todo bajo la intensa mirada de Kassia. Los gemidos no se hicieron esperar y la excitación en Kassia tampoco, la pelirroja era consciente que había sido una orden mucho más demandante que las anteriores y mucho más desagradable, sin embargo, no hubo queja de su parte. 




Pasaron varios minutos en los que la sala se inundó de gemidos y jadeos, además del sonido característico de la saliva al resbalar sobre la palpitante erección. El cuerpo encadenado del sumiso se convulsionó dentro de su jaula dándole el aviso a Kassia, estaba apunto de caramelo y, precisamente el caramelo era lo que Kassia le iba a quitar de los labios.




- Basta - susurró apoyando una mano sobre la cabeza morena de la joven que inmediatamente dejo de hacer lo que estaba haciendo. El sumiso contrariado gruñó quedándose a las puertas de lo que nunca le había pertenecido y movió sus caderas contra los barrotes pero Kassia ya había apartado a la morena de ellos. 




Rodeó su cuerpo por debajo de su pecho y la arrastró con cuidado un par de pasos para alejarla - En pie - como era habitual no tardó en obtener lo que había pedido - Desnúdame - pronunció paladeando cada sílaba con la lengua. 




La morena se situó a su espalda para deshacer la cremallera que cerraba su vestido. Los ojos de la pelirroja seguían fijos en el sumiso que parecía completamente desquiciado - Cuando cumples las ordenes recibes una recompensa, espero que lo recuerdes la próxima vez - las manos de la sumisa recorrían su espalda ascendiendo hacia sus hombros y descendiendo por sus brazos para liberar a Kassia de la fina tela de aquel vestido blanco. 



O de lo contrario tu humillación será pública - añadió al tiempo que la joven daba un leve tirón de la tela que se había enganchado en la cintura de la Domina.




Cuando la pelirroja se giró encontró una sonrisa ligeramente orgullosa plasmada en los labios de la morena, una sonrisa que obviamente iba dirigida al otro sumiso y que se aseguró de borrar bajo la mirada de Kassia - Te has ganado el derecho de levantar la barbilla con orgullo ante él - le dijo la pelirroja concediéndole la libertad de regodearse. 




Ella era una excelente sumisa, era la joya de la corona para cualquier Domine, alguien que debía ostentar el mismo nivel de adoración que cualquier Domine, claro que la adoración hacia ella se demostraba siempre de manera diferente. 




Pequeños elogios, caricias suaves y el gran premio de un placer sin premisas. Kassia recompensaba devoción con sonrisas, adoración con respeto y obediencia con cuidados, dedicación y placer. 




El juego debía seguir entre piel, sudor, gemidos y ordenes precisas que se escapaban de los labios de Kassia. Pronto la tumbó sobre el frío suelo - No cierres los ojos en ningún momento - Kassia no quería ser privada de esa mirada que despertaba las más oscuras y eróticas escenas. 



Las manos y los labios fueron los encargados de darle vida a cada escena, Kassia como mujer exigente precisaba el como, el cuando y el donde debía tocarla. A veces lo pedía y, a veces, simplemente guiaba sus manos como quien mueve una hermosa muñeca de porcelana movida por hilos. El destino final el placer mutuo...



Simplemente, Gracias, Bella Dama y Amiga... 
Para Usted. 
GEMINES y Kaissa...


Desde mi Alma, Por este Hermoso Regalo, Hacia mi Dueño, LORD_STARK, mi Persona, el Jardín, y Tod@s , Aquellos que forman esta Hermosa y Gran Familia...



Muchas veces, la Vida nos da la Maravillosa Oportunidad, de Sentir y Saber, que la palabra, "Amistad", no es solo Una "Palabra" es  Un sentir que Nace en Corazón, y se Trasmite con el Alma...




LORD_STARK...
lua_binaDeSTARK...

5 comentarios:

  1. cuantas cosas se dicen de la amistad y cuantas se podrian decir
    sin embargo en muchas ocasiones una amistad es mas fuerte incluso q los lazos de sangre no hay tiempo ni distancia cuando se ama a un amigo, llega a ser una amistad eterna.

    Algunas amistades son eternas
    Autor Pablo Neruda

    Algunas veces encuentras en la vida
    una amistad especial:
    ese alguien que al entrar en tu vida
    la cambia por completo.

    Ese alguien que te hace reír sin cesar;
    ese alguien que te hace creer que en el mundo
    existen realmente cosas buenas.
    Ese alguien que te convence
    de que hay una puerta lista
    para que tú la abras
    .
    Esa es una amistad eterna…
    Cuando estás triste
    y el mundo parece oscuro y vacío,
    esa amistad eterna levanta tu ánimo
    y hace que ese mundo oscuro y vacío
    de repente parezca brillante y pleno.

    Tu amistad eterna te ayuda
    en los momentos difíciles, tristes,
    y de gran confusión.
    Si te alejas,
    tu amistad eterna te sigue.
    Si pierdes el camino,
    tu amistad eterna te guía y te alegra.

    Tu amistad eterna te lleva de la mano
    y te dice que todo va a salir bien.
    Si tú encuentras tal amistad
    te sientes feliz y lleno de gozo
    porque no tienes nada de qué preocuparte.

    Tienes una amistad para toda la vida,
    ya que una amistad eterna no tiene fin.

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  2. Un verdadero amigo es alguien capaz de tocar tu corazon desde el otro lado del mundo

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  3. Que es un amigo? Es un unica alma que vive en dos cuerpos

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